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Hay reuniones que empiezan y terminan exactamente como uno imagina: cordiales, correctas, impecablemente institucionales. En UNICEF estamos bastante acostumbrados a eso, pero también a veces nos encontrarnos con personas extraordinarias. Y después está Andrea Yarur.

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Con ella, las credenciales y los cargos quedaron rápidamente sobre la mesa para dar paso a algo mucho más valioso: conocer a la persona detrás del nombre.

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La primera vez que nos sentamos a conversar con Andrea nos pareció una mujer reservada, cautelosa, de esas personas que primero observan antes de abrirse. Pero esa primera impresión duró muy poco.

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Bastaron un par de reuniones para descubrir a una mujer profundamente inteligente, con una curiosidad infinita y una capacidad poco común para conectar ideas, personas e historias.  

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Conocimos también a alguien profundamente arraigada a sus raíces palestinas, orgullosa de la historia de su familia y muy dedicada a sus hijos e hijas, a sus afectos y a esos pequeños recuerdos que atesora como quien construye, pieza a pieza, un patrimonio emocional. 

Hay algo que se percibe muy rápido en Andrea: la calidad de persona que es. Se refleja en la forma en que trata a todos por igual, con una amabilidad genuina, un tono de voz sereno y una calma que transmite confianza. Con el tiempo también descubrimos que su compromiso solidario va mucho más allá de UNICEF: apoya, de manera silenciosa y sin buscar reconocimiento, a muchas personas y causas que prefiere mantener en el anonimato.

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Y, sobre todo, tiene historias. Muchas historias.

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Sentarse a conversar con ella es una invitación permanente a viajar entre la infancia, lugares del mundo, momentos del país, el arte, la historia, la filantropía y la actualidad. Las reuniones de trabajo, que sobre el papel podrían durar una hora, terminan extendiéndose porque siempre aparece una anécdota inesperada, una reflexión o una risa que hace imposible mirar el reloj. Tiene un humor sutil, una ironía elegante y esa capacidad de hacer que el tiempo pase volando.

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Uno de los momentos que más atesoramos ocurrió casi por casualidad. Mientras preparábamos un proyecto con UNICEF para marzo de 2027, Andrea nos invitó a recorrer el Museo de Artes Visuales de la Fundación Patricia Ready, fundado por su madre. Fue ahí donde vimos una faceta distinta: por un momento dejó de ser la empresaria, la filántropa, la educadora de o la productora y se convirtió, simplemente, en la hija. ​

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Caminaba entre las obras con ilusión, con un toque de travesura y ese brillo en los ojos de quien, por un instante, vuelve a ser niña. 

 

Con un entusiasmo genuino, y una picardía encantadora, comenzó a mostrarnos rincones, pasillos, historias escondidas y secretos detrás de obras y el museo que cualquier amante del arte habría soñado conocer.

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Nos contaba recuerdos de infancia, anécdotas familiares y detalles que no aparecen en ninguna visita guiada. A unos metros, Patricia Ready seguía en otra reunión, pero cada cierto tiempo levantaba la vista para observar a su hija con una sonrisa silenciosa, de esas que dicen mucho más que las palabras.

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Fue en ese instante cuando entendimos que el compromiso de Andrea con UNICEF no nace solamente de su capacidad de ayudar. Proviene de una historia familiar donde la cultura, el cuidado de los otros, la memoria y la convicción de que cada persona merece oportunidades han estado siempre presentes.

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Esa es la Andrea que nosotros conocimos: la que escucha más de lo que habla; la que se emociona al recordar a su familia, a sus alumnos y sus grandes logros; la que puede pasar de conversar sobre una pintura a hablar de los derechos de la infancia con la misma pasión.

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Probablemente, esa sea una de las razones por la que decidió convertirse en la primera filántropa de UNICEF Chile: porque entiende que transformar la vida de los niños y niñas es también es una manera de honrar la historia, los valores y afectos que la formaron. 

Programa de Filantropía de UNICEF Chile

El Programa de Filantropía de UNICEF Chile reúne a personas comprometidas con generar un impacto transformador en la vida de niños, niñas y adolescentes. A través de este modelo, filántropos y grandes donantes contribuyen al desarrollo de iniciativas de alto impacto tanto en Chile como en el mundo, estableciendo un vínculo cercano con la organización y conociendo de manera concreta el alcance de su apoyo. Más que una forma de donar es una invitación a convertirse en un aliado estratégico de UNICEF para impulsar cambios sostenibles que permitan a cada infancia crecer protegida, saludable.

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