
EDICIÓN III DICIEMBRE - 2025
Benjamín Vicuña
"Invertir en nuestras infancias es la forma de cambiar el mundo".
El actor chileno y embajador de UNICEF Chile, Benjamín Vicuña, lleva más de una década acompañando a UNICEF en la promoción de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Desde ese rol -y también como padre- destaca la importancia de trabajar por los niños y niñas a nivel global.
A lo largo de estos años, su vínculo con UNICEF ha evolucionado desde ser un amigo de la infancia hasta convertirse en uno de sus embajadores más activos y comprometidos. Benjamín ha puesto su voz, su imagen y su tiempo al servicio de diversas campañas, desde la defensa del derecho a la educación y la protección frente a la violencia, hasta la recaudación de fondos para emergencias humanitarias en Chile y el mundo. Ha participado en visitas a terreno, grabaciones, eventos públicos y piezas audiovisuales que han permitido llevar el mensaje de UNICEF a millones de personas, impulsando acciones concretas para transformar la vida de niños, niñas y adolescentes.
En esta conversación con revista SOMOS de UNICEF, realizada en Buenos Aires, donde estuvo acompañado de su hijo Benicio, pudimos conocer el lado más íntimo del actor, sus tradiciones de fin de año y el valor que le da al tiempo en familia.

Este año ya está llegando a su fin. ¿Qué balance haces de tu 2025 y qué te gustaría repetir en 2026?
Ha sido un año intenso. En lo profesional estrené cuatro o cinco películas y viajé muchísimo. En lo personal, con mis hijos, fueron etapas distintas con los más chiquititos y con los más grandes que ya son adolescentes y requieren otro tipo de atención. Fue un año potente, interesante, también marcado por lo que pasa en el mundo. Las imágenes de la guerra, la incertidumbre… todo nos afecta. Pero estoy seguro -y espero- que tendremos un mejor 2026. .
¿Cómo vives las fiestas de fin de año? ¿Tienes tradiciones familiares?
Sí, tenemos el rito de armar un arbolito, un árbol real, que decoramos entre todos. Es algo austero, pero muy simbólico. Suelo celebrar con mis hijos y mi familia, a veces en Chile, otras en Argentina. Lo importante es reunirse, sentarse a la mesa, mirarnos, abrazarnos. Parar la pelota un segundito y decirnos que nos queremos. Seguir soñando juntos, como familia y también acompañando los sueños individuales de cada uno.
El Benjamín a los 10 años: su casa en el árbol y sus sueños de infancia.
Si pudieras dirigir tu propia historia, ¿qué escena no podría faltar?
Mmm...son muchas. No creo que la vida se resuma en cinco momentos, pero sin duda el nacimiento de mis seis hijos es lo más potente e inolvidable. También mis pequeños hitos: el colegio, la comunión, la graduación, la universidad, mi debut profesional. Y los abrazos con mi papá, mi mamá, mis hermanos… son recuerdos que uno guarda y protege.
Si volvieras a tus 10 años por un día, ¿qué repetirías sin pensarlo?
Volvería a hacer una casa en un árbol que me quedó muy bonita. Y volvería a explorar el mundo de la actuación, que terminó siendo mi vocación y mi oficio. También me abrazaría y me diría: “Vamos que se puede, venimos bien”.
¿Cuál era tu sueño más grande de niño? ¿Qué queda de ese sueño hoy?
Mi sueño era ser feliz y disfrutar. Poder entender un mundo que a veces se hace tan difícil. Algunas cosas las entendimos, otras seguimos sin entender y seguimos mirando el cielo con más preguntas que respuestas. Pero está bien crecer, evolucionar, madurar… y al mismo tiempo volver a ese niño o niña que fuimos con esa ingenuidad, esa alegría y esa capacidad de adaptarnos y desdramatizar las cosas muchas veces.



Trabajando por la infancia a nivel global
¿Qué significa para ti ser embajador de UNICEF? ¿Cómo te sensibiliza nuestra causa y qué destacarías de esa labor?
Primero, es un honor y un privilegio poder comunicar los derechos de los niños y niñas. También es un gran desafío ser ese puente entre UNICEF y la gente: los padres, las familias, los propios niños. Lo asumo con mucha responsabilidad. Ya son más de diez años, primero como amigo de UNICEF y luego como embajador, cada día reafirmo lo importante que es este rol. Es muy importante acompañar a nuestros niños y niñas, sobre todo, ponernos en su lugar con sus miedos, inseguridades, carencias. Eso es una de las labores y objetivos que tiene UNICEF: ponerse en el lugar del otro.
UNICEF trabaja por los derechos de los niños, niñas y adolescentes y su futuro. ¿Qué te da esperanza cuando piensas en las nuevas generaciones?
Creo que la única manera de cambiar el estado de las cosas es a través del pensamiento de nuestros niños y niñas. Si fortalecemos su autoestima, su autopercepción y sus derechos, podemos empoderarlos para que enfrenten el mundo con más herramientas, con igualdad, sabiduría y también alegría. Humildemente, creo que la única forma que conozco de transformar el mundo es a través de nuestras hijas e hijos, de nuestra herencia. Por eso el rol de UNICEF es tan importante.
¿Qué mensaje les enviarías a las niñas y niños que hoy enfrentan dificultades?
Primero, que se puede, que confíen, que el futuro puede ser mejor. Que no están solos, que somos muchos los que queremos contenerlos, acompañarlos, verlos brillar. Que sueñen y que sueñen en grande.

Has compartido con muchas niñas y niños en tu trabajo, en tu rol con UNICEF y como padre. ¿Qué lección te han dejado?
Muchísimas. He estado con niños que sufren y viven carencias en distintos territorios: Chile, Argentina, Haití, Medio Oriente… realidades muy dolorosas. Y es inevitable transmitir eso a tu entorno: recordar que somos afortunados, que tenemos derechos básicos que se respetan -educación, alimentación, una familia, una sociedad que te protege-. Son cosas que creemos obvias, pero en otros lugares no existen.
¿Qué te motivó a trabajar con UNICEF y cómo ha evolucionado ese vínculo?
Nació como una vocación. Me invitaron y se fueron dando situaciones donde sentí que mi aporte, aunque simbólico, también era fundamental. Ser un puente entre UNICEF y las familias, los niños, la sociedad. Es lindo sentirse útil, todos queremos eso. Yo siempre tuve un interés por las infancias y cuando empecé a trabajar con UNICEF entendí lo fundamental que es porque invertir en nuestras infancias es la forma de cambiar el mundo. Cuando alguien dice “no hay otra salida”, yo creo que sí: la salida es trabajar por nuestros niños y niñas.
¿Por qué es importante que más personas apoyen el trabajo de UNICEF?
UNICEF tiene una tarea enorme que debe ser amplificada. Los socios son fundamentales para acompañar, financiar y apoyar campañas que buscan llegar hasta los últimos rincones del planeta y defender los derechos de niños y niñas.
