
EDICIÓN III AGOSTO - 2025
Soledad Onetto
y su compromiso con la infancia
Nacida en Santiago en julio de 1976, desde muy joven mostró su interés por el periodismo, carrera que estudió en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
A lo largo de su trayectoria ha trabajado en distintos canales de televisión chilenos siempre estando ligada a temas de actualidad, análisis político y también a espacios de conversación y tecnología.
Soledad también ha demostrado su versatilidad. Uno de los hitos más importantes de su carrera fue cuando, entre 2009 y 2010, animó junto a Felipe Camiroaga el prestigioso Festival de Viña del Mar, uno de los eventos televisivos más importantes del país y América Latina.
En esta entrevista nos cuenta cómo vive la maternidad y su experiencia como socia de UNICEF, especialmente al conocer una situación tan compleja como la que se vive en la Franja de Gaza.


¿Cómo te definirías hoy en día?
Hoy figuro más como la mamá de Borjita que como periodista: él es un niño maravilloso que tiene un año y cinco meses. También soy comunicadora social, me gusta mucho la actualidad, me encanta hablar de temas de política, de actualidad y contingencia. También soy una mujer muy divertida, aunque no lo crean, muy entretenida. Me gusta hacer muchas cosas, algo de deporte, amo a mi familia y, sobre todo, a mis perros. Eso es lo que mejor me define.
¿Cómo ha sido para ti la experiencia de la maternidad?
Es un giro en 180 grados, que te deja mirando para el otro lado. Ha sido muy impactante. A lo mejor más que un giro… yo lo he definido como que te meten adentro de una juguera, aprietan “play” y tú no sabes qué salió de ahí. Es una experiencia —y esto es universal y compartido— maravillosa.
Desde tu rol como comunicadora, ¿cómo impacta esa nueva mirada en tu trabajo con las noticias?
Por lo mismo y desde mi campo en las noticias, me golpea muy fuerte ver cosas crudas relacionadas con los niños. Todo lo que tiene que ver con la guerra en Gaza, lo que veía hace un tiempo… es una locura. Atrocidades salvajes, sobre todo porque tú sabes que los impacta a ellos, que son completamente inocentes y que por el contrario deben vivir sus años de infancia en felicidad, en el máximo entorno de cuidado.
Desde tu rol como comunicadora, ¿cómo impacta esa nueva mirada en tu trabajo con las noticias?
Por lo mismo y desde mi campo en las noticias, me golpea muy fuerte ver cosas crudas relacionadas con los niños. Todo lo que tiene que ver con la guerra en Gaza, lo que veía hace un tiempo… es una locura. Atrocidades salvajes, sobre todo porque tú sabes que los impacta a ellos, que son completamente inocentes y que por el contrario deben vivir sus años de infancia en felicidad, en el máximo entorno de cuidado
COMPROMETIDA CON UNICEF
Cómo fue tu primer acercamiento con nuestro trabajo?
Recuerdo claramente haber visto a niños en continentes con mucha dificultad, con mucha pobreza. Me impactó una campaña muy específica de UNICEF, donde mostraban un producto determinado y decían: “con este nutriente alimentamos a los niños y esto significa entregarles tantas proteínas y calorías”
¿Cómo evalúas esa información hoy?
Ha pasado tanto tiempo y la realidad no se puede mejorar. Hay muchos países, mucha gente, niños y niñas entregados a su suerte. Y finalmente te das cuenta de que no es que no le importe a nadie, sí le importa a mucha gente y a UNICEF también. Uno dice: “yo aquí tengo que hacer algo”. Y me acuerdo haber visto eso, haber entendido que ese era el aporte, que estaba súper asociado a lo que uno podía dar. Lo he visto ahora también a propósito de las imágenes de Gaza, donde lo han vuelto a lanzar y a explicar qué significa ese suplemento nutricional para los niños.
¿Qué te convenció de apoyar a UNICEF?
Yo soy una fiel creyente de que “pastelero a tus pasteles”. A mí me gusta el periodismo, es lo que sé hacer. Hay otras cosas que no hago bien. Entonces, yo no podría establecer una cadena logística o una estrategia para alimentar a los niños en África. Sin embargo, UNICEF sí es experto en eso y es súper importante que entendamos que nuestras colaboraciones las podemos hacer llegar. Si eso implica entregar un monto mensual y UNICEF, o cualquier otro organismo, son los encargados de gestionar esa ayuda para que llegue de manera adecuada y tú sepas que llega… bueno, entrégate ahí, ¿no?



Su lado más personal
Volviendo a tu infancia, ¿cómo recuerdas esa etapa?
Fui muy feliz siendo niña. Tuve una familia muy acogedora con dos padres que desde sus distintos roles nos entregaban todo su cariño y protección. Nunca me sentí sola, olvidada ni abandonada. No eran tiempos donde tu opinión como niña fuese tan relevante ni donde había una cultura de “hay que escuchar a los niños”. Eran más tiempos de formación, de una formación cariñosa.
Si alguien me hubiese visto de niña, diría que era muy tímida, calladita, reservada. Y pese a que tengo una profesión muy pública, donde hablo todos los días, en mi casa me gusta estar en silencio. Me gusta también que mi hijo sepa de esos silencios.
¿Cómo eran tus padres?
Mi mamá, habiendo podido desarrollar su carrera profesional, decidió voluntariamente no hacerlo y se quedó al cuidado de nosotros. Ella, diseñadora, con toda su creatividad, nos enseñaba a manejar materiales, siempre nos tenía actividades. Mi papá, muy trabajólico, poco presente en la casa, pero muy presente en mi vida. Yo sabía que su rol era importante, que era parte de nuestro sistema familiar. Compartía con nosotros todo el tiempo que podía, incluso cansado.
¿Y hay alguna anécdota reciente que te conecte con esos recuerdos?
Sí. Ahora que Borjita está comiendo más sólido, recordé que me encantaba la sopa de letras. Nosotros pasábamos mucho en la cocina; a mi mamá le gustaba cocinar, a mí también. Me evoca eso: buscar mi nombre, el nombre de mi hermano en las letras. Por eso, fui al supermercado porque por delivery no la encontraba. Descubrí que lo que yo creía que se llamaba sopa de letras, ahora se llama “alfabeto”. Así que antes de ayer lo compré, para hacérselo a Borja y disfrutar de un momento especial.
¿Cómo manejas la estimulación y los tiempos con tu hijo?
No soy una persona que esté estimulándolo todo el rato. Tenemos nuestros momentos: cantamos, conversamos. Pero también me gusta observarlo mientras juega tranquilo, construye algo. Creo que no hay un modelo único. Todos los modelos pueden ser buenos, si nacen desde el amor, desde el cariño.